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martes, 27 de abril de 2010

2010 | prensa: 8300 web | por Melina Fit

clikc aquí: Lo absurdo y lo profundo de las relaciones humanas

En una entrevista con 8300 web los protagonistas de la obra “La fin del mundo lado A y lado B”, nos adelantan algo de estos dos mundos desopilantes e inquietantes que crearon a partir de un mismo texto.  
¿Cuál es la verdadera fin del mundo? Una pregunta que abre y cierra el enigma de esta original obra con dos versiones, similares y contrapuestas a la vez. Un desafío al que se aventuró el grupo teatral “Todoesunabroma.inc”, y del que resultó una impresionante puesta en escena que trata de una manera absurda pero a la vez profunda el desintegro de los vínculos humanos.

Chana Fernández, Sebastián Fanello y Luis Sarlinga conforman este colectivo de trabajo independiente, que desde el 17 de abril está presentando “La fin del mundo lado A y lado B” en la sala de La Conrado Cultural.  
“La obra es una creación colectiva que nosotros empezamos con un trabajo de improvisaciones. Al texto le dio forma Luis Sarlinga que es nuestro director y él había planeado una puesta escena, que es la que después resultó en el lado A.”, cuenta Chana en una entrevista con 8300 web.

En medio del proceso de ensayo surge de manera “inconsciente” una nueva mirada sobre el texto, otro contexto posible con otras posibles relaciones entre los personajes.  
“El lado B de esta apuesta, siempre estuvo presente en nosotros. Teníamos una manera de ensayar el texto que fue el detonante. Cuando Luis vio que eso tenía tanta fuerza a nivel escénico fue que dijo acá hay otra cosa y es la que ustedes me están brindando como actores”, relata Sebastián sobre el surgimiento del lado B.  
Tati (Sebastián) y Mele (Chana) son los protagonistas de las dos historias que aunque “las dos se ramificaron en estéticas diferentes no dejan de ser absurdos”, explica el actor.

Lado A: un pozo real con seres “desopilantes”  
Un aljibe abandonado se convirtió en el hogar (cárcel) de Tati y Mele, dos refugiados o sobrevivientes en “una permanente espera”.  La imposibilidad física de salir los convierte en seres marginados.  Chana asegura que esta versión es extrovertida, desopilante y casi expresionista, para lo que los personajes fueron trabajados “en una clave actoral que puede ser el clown”.  “El Tati y Mele del lado A son bastante estúpidos en su forma de actuar y de reaccionar”, confiesa.  

Lado B: “el comedor de cualquier casa”  
El pozo en el que viven estos Tati y Mele ya no es físico sino emocional. Su “imposibilidad de salir se da por el propio vínculo entre ellos”. Aquí la puesta en escena es más minimalista, y los personajes son socialmente correctos, socialmente educados pero con una relación de diez años, que viven como carga. Ellos también son estúpidos -asegura la dupla actoral- pero desde otro lugar, desde un lugar social, porque aparece la omnipotencia, el cinismo y la ironía.  Chana recuerda que en uno de los ensayos el director les propuso que digan el texto pero cada uno sentado en la punta de una mesa. “Y así esta versión puede ser el comedor de cualquier casa”, reflexiona.

Los vínculos y la no comunicación

Si bien se trata de una obra divertida, con humor y diálogos absurdos, en el fondo intenta dejar un mensaje social. Chana revuelve y encuentra en la obra la razón de ser de estos personajes que “en vez de resolver, los diálogos son circulares, y el personaje se encierra en su propio deseo, intención, necesidad y en la imposibilidad de escuchar y entender al otro. Ahí está la clave del teatro del absurdo: los seres humanos intentan comunicarse todo el tiempo, están hablando todo el tiempo, pero están en una permanente espera de algo que nunca sucede”.  Como cierre casi planeado Chana y Sebastián coinciden en el desintegro de los vínculos humanos, en la no comunicación, en el incierto presente y destino de la humanidad. Entonces: ¿cuál es la verdadera fin del mundo?

 

lunes, 19 de abril de 2010

2010 | 4to festival de teatro Fundación Cultural Patagonia

2010-09-17
Fundación Cultural Patagonia
“La Fin del Mundo” debutó en el 4º Festival de Teatro

Elencos de Buenos Aires, Córdoba, Viedma, Neuquén, Cuba y Roca forman parte del Festival de Teatro que se viene desarrollando en las instalaciones de Fundación Cultural Patagonia. Ayer se presentó el grupo neuquino Todoesunabroma.inc, con su obra “La fin del mundo”.

El elenco Todoesunabroma.inc pisó el escenario del Centro Musical, pasadas las 20 para mostrar “La Fin del Mundo”.Mele (Chana Fernández) y Tati ( Sebastian Fanello) son una pareja que convive hace más de diez años. Ella es una mujer histérica, verborragica. A Tati en cambio, es un hombre más tranquilo, se toma su tiempo para decir las cosas y sólo en algunos momentos en que siente que estalla le levanta la voz a Tati.
“La Fin del Mundo” es una obra con mucho humor y toma prestadas muchas cosas del teatro absurdo. Los actores se encuentran en un pozo, luego aparecen elementos como “ un trasladador del tiempo”, un pequeño muñequito apodado “Ari” con el que los la conversa en todo momento. Así, la obra te lleva a hacer volar la imaginación y meterte a fondo en cada una de las situaciones que le  suceden a estos personajes.
El espectaculo además, tiene la particularidad de brindar dos versiones sobre la misma obra. Ayer pudimos ver el lado A y el sábado se presentará el lado B de este mismo espectáculo, dirigido por  Luis Sarlinga. La función será también a las 20.





Nota para el diario Río Negro por Claudio Andrade (ver nota en el sitio oficial)
Crónica del teatro visto por dentro
Continúa el "4º Festival de Teatro Fundación Cultural Patagonia".En Cipolletti se realiza el
Festival Internacional de Teatro.


El teatro es un mundo perfecto. Se nutre de las pasiones humanas y de muchas de sus locuras pero no sucumbe a ninguna de ellas. Sin embargo, no por ser una representación de la realidad, a veces metafórica, a ratos fidedigna, debe pensarse como un arte nada peligroso, 99 por ciento libre de bacterias. El teatro es una osadía que se vuelve pública, un secreto estampado en la cara. En la dinámica teatral no median cortinas de humo, ni perfumes que desgarren el aroma original de su texto. Lo que dice el teatro en una sala en penumbras puede conmover tu vida. Exponerse es la mejor forma de comprobar ese "qué pasaría".

La oportunidad está a la vuelta de la esquina. Se trata del "4º Festival de Teatro Fundación Cultural Patagonia", en la Ciudad de las Artes de Roca, y del Festival Internacional de Teatro de Cipolletti. Ambos concluyen este domingo. Espacios privilegiados donde confluyen actores nacionales e internacionales con sus obras, así como especialistas en materias vinculadas como la iluminación.
Hablando de luces –un hecho que marca el principio de una recorrida que hizo "Río Negro" por la trastienda del festival que transcurre en la Ciudad de las Artes de Roca–, al interior de una pequeña habitación, donde un televisor 29 pulgadas ocupa buena parte del espacio, la prestigiosa iluminadora argentina Leandra Rodríguez, conversa con un grupo de estudiantes del IUPA acerca de las características y las obsesiones del trabajo de iluminación. Hace hincapié en una obra finlandesa presentada hace un tiempo en el Teatro San Martín, que los alumnos observan en la pantalla. "¿Es magenta eso? No sé de dónde sale el magenta, pero sale", le dice Lea a sus alumnos mientras indica con el dedo un fondo luminoso. Los chicos sacan conclusiones y en cifrada terminología técnica hacen conjeturas sobre el campo visual. "Este grupo pedía una máquina de hacer humo especial que no se conseguía en Buenos Aires. ¡Preguntaban si no la podíamos ir a buscar a Venezuela donde había una!. Los tipos nunca se enteraron de lo que nos faltaba y de lo que hicimos para que su espectáculo se realizara tal cual ellos querían", explica la maestra. Su discurso va de lo específico a lo visceral. De lo geométrico a lo imposible, sin duda, una característica del quehacer latinoamericano.
"¡Quiero que gritemos tan fuerte que hagamos una avalancha!", grita la chica a un grupo de pibes que permanecen sentados en hilera justo enfrente de ella. A su lado, ubicados en la misma posición, como en un reflejo de los otros, sus compañeros esperan turno para continuar con la consigna dada por la actriz cubana Maribel Barrios: ustedes y ellos están en montañas separadas. ¿Cómo sonarían sus voces duplicadas por el eco?.
"¡Qué largas que tengo las uñas de los pies!", grita otra. La réplica seguirá y seguirá cómica pero también fructífera hasta que Maribel los impulse con un nuevo motivo. Ahora están en una cárcel planificando escapar y no los tiene que escuchar el vigilante. "Se me perdió la llave", dirá una de las alumnas en un susurro mentiroso porque sus palabras rebotan con intensidad en las paredes de la habitación. "Recuerden que deben poner énfasis en las consonantes, antes en la montaña había que acentuar las vocales", dice la profesora. La que les pone Barrios en el camino, es una prueba de tantas que deberán sortear quienes se atrevan a convertir el teatro en su propia vida: suponerse en mundos que no les pertenecen.
"La cosa y la cruz", la elogiada y premiada obra de La Pampa, es mucho más fácil de ver que de explicar.
"Surgió a partir de unos poemas en ruso que tradujimos", dice su directora, la también actriz Nadia Grandón, a unos metros su compañero de escena, Darío Esevich, se desplaza con el torso desnudo ensayando fracciones que se completarán en un par de horas en la puesta final. Viéndolo así, uno termina por entender que en cierta medida el actor es un animal salvaje en el marco de un escenario. Una criatura libre que no está interesada especialmente en vos-espectador. Para que la magia del teatro suceda debe ocurrir lo contrario: que vos te sientas atrapado por ella.
–¿Dónde encontraste los poemas?
–Por ahí, leyendo, como siempre aparecen estas cosas.
–¿Cómo se transformó en una obra teatral?
–Los poemas me remitieron a dos personas, dos rusos, su vínculo, su distancia, de ahí lo relacioné con el eterno retorno y surgió la obra– explica Nadia.
Más tarde, observando el ensayo, veremos cómo todo cobra sentido. La actuación de Esevich es conmovedora, brutal, impactante. Muy rusa. En tanto que el contrapunto interpretativo de Nadia, haciendo una delicada y desesperada traducción de las desgracias de su compañero, provocan un perfecto equilibrio estético.
"En los últimos 20 años en La Pampa se ha notado la aparición de numerosos grupos teatrales con proyectos sólidos e independientes. Hay gente joven que está haciendo cosas. Eso es refrescante", dirá Nadia.
–¿Y el público?
–El público cuesta, pero cada vez se va prendiendo más gente. Hay que fomentar el teatro, hay que hacer ruido.
El maquillaje es una de las claves de "La fin del mundo", la muy interesante obra que ha traído el elenco Todoesunabroma.sic. de Neuquén. Al menos una de las claves del lado A. Porque "La fin del mundo" tiene su lado B, despojado y desmaquillado. "Como contracara al grotesco del Lado A, donde el maquillaje cumple la función de acentuar los rasgos de los personajes, el lado B es minimalista", explica y blanquea su rostro el actor Sebastián Fanello. Junto a él, Chana Fernández hace lo propio.
"La fin del mundo", dirigida por Luis Sarlinga, es una puesta explosiva, actuada con enorme compromiso y energía por parte de Fanello y Fernández. En un brevísimo espacio, "un pozo", los actores son puestos a convivir con una multitud de objetos que servirán de herramientas a lo largo de un relato que se define por el exceso.
Muy cómica de a momentos, En"La fin del mundo" (cuyo lado B se podrá ver hoy a las 20 en el Centro Musical del IUPA), en el fondo, es una obra desgarradora. Urga en la condición psicológica de dos locos que, a medida que transcurren los minutos, van bosquejando peligrosamente a otros seres "bien" humanos con los que, de tanto en tanto, nos encontramos en los espejos.
"¡Las palabras no existen!", exclamará el personaje de Fanello. Otra provocación teatral para llevar a la casa.